El baño regular en la sauna es cada vez más reconocido no sólo como una práctica cultural relajante, sino también como una herramienta potencialmente poderosa para mantener la salud del cerebro y reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como la demencia. La evidencia científica emergente sugiere que la exposición frecuente al calor, particularmente a través de las saunas tradicionales finlandesas, puede producir importantes beneficios cognitivos, incluido un mejor bienestar mental, un mejor sueño, una reducción de los dolores de cabeza y un menor riesgo de demencia.
La evidencia detrás del calor
Un estudio histórico que siguió a casi 14.000 personas durante casi cuatro décadas reveló que aquellos que usaban saunas de 9 a 12 veces al mes tenían un 19% menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con aquellos que las usaban menos de cuatro veces al mes. Esta reducción del riesgo se mantiene incluso después de tener en cuenta otros factores del estilo de vida. Más allá de la prevención de la demencia, el uso de la sauna se ha relacionado con mejoras en la intensidad del dolor de cabeza crónico, reducción del riesgo de psicosis y aumento de la vitalidad en los adultos mayores.
Cómo afecta el calor al cerebro
Los mecanismos subyacentes que impulsan estos beneficios son multifacéticos. Un factor clave es la reducción de la inflamación. Las investigaciones muestran que las sesiones regulares de sauna se correlacionan con niveles más bajos de marcadores inflamatorios en la sangre, como se demostró en un estudio de más de 2200 hombres finlandeses seguidos durante 11 años. La inflamación crónica contribuye de manera importante a las afecciones neurológicas, lo que hace que este efecto sea particularmente relevante.
Otro proceso crítico es la inducción de proteínas de choque térmico. Cuando el cuerpo está expuesto al estrés por calor, produce estas proteínas, que ayudan a garantizar el plegamiento adecuado de las proteínas, un factor crucial para prevenir proteínas mal plegadas que son características de enfermedades como el Alzheimer. La mejora de la circulación sanguínea, debido a la vasodilatación por la exposición al calor, también puede contribuir al mejorar el flujo sanguíneo cerebral.
Finalmente, el uso de la sauna puede estimular el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una molécula esencial para el crecimiento y la función neuronal. Los estudios han demostrado que la hipertermia puede aumentar los niveles de BDNF, lo que potencialmente mejora el estado de ánimo y reduce la ansiedad.
Más allá de las saunas tradicionales: terapia de calor infrarrojo
Si bien las saunas tradicionales siguen siendo el método más estudiado, otras terapias de calor, como el calentamiento por infrarrojos, también son prometedoras. Un pequeño ensayo encontró que una sola sesión de calentamiento por infrarrojos en todo el cuerpo reducía los síntomas depresivos y alteraba la señalización de la inflamación en personas con trastorno depresivo mayor.
Las advertencias: la moderación y el momento son importantes
A pesar de los beneficios, la exposición excesiva al calor puede ser perjudicial. Los estudios indican que la exposición prolongada a altas temperaturas (50°C o 122°F) puede afectar la función cerebral y ralentizar los tiempos de reacción. Además, el calor puede interferir con la consolidación de la memoria, por lo que no es aconsejable antes de tareas cognitivas intensas como exámenes. Las pautas de seguridad recomiendan aclimatarse al calor de forma gradual, mantenerse hidratado y limitar las sesiones de sauna.
Alternativas y combinaciones
Los baños calientes pueden replicar parcialmente los beneficios de las saunas al elevar la temperatura central, pero carecen del mismo nivel de respaldo de investigación a largo plazo. Combinar el uso de la sauna con la inmersión en agua fría (una práctica conocida como totonou en Japón) puede mejorar aún más los beneficios cognitivos, aunque todavía faltan estudios concluyentes.
En conclusión, la evidencia respalda cada vez más la idea de que la exposición regular al calor, particularmente mediante el uso de la sauna, puede contribuir a la salud cerebral a largo plazo y a la prevención de la demencia. Si bien se necesita más investigación para perfeccionar los protocolos óptimos, integrar el baño de sauna en un estilo de vida saludable puede ofrecer una forma simple pero poderosa de salvaguardar la función cognitiva.



















