La otrora próspera población de dugongos a lo largo de la costa de Andamán en Tailandia se está derrumbando, y su número ha caído de 273 en 2022 a aproximadamente la mitad en la actualidad. Este declive no es sólo una tragedia local; Tailandia posee una de las seis poblaciones viables de dugongos fuera de Australia, lo que hace que esta crisis sea globalmente significativa. La situación plantea preguntas críticas sobre el futuro de estos amables mamíferos marinos en un entorno que cambia rápidamente.
Las praderas marinas en desaparición: la raíz del problema
El principal factor detrás de la disminución del dugongo es la extinción generalizada de las praderas marinas, su principal fuente de alimento. Evaluaciones recientes realizadas por científicos internacionales confirman que los dugongos son “especialistas en comunidades de pastos marinos” y necesitan hasta 60 kilogramos de la planta por día. Las aguas costeras de la provincia de Trang, anteriormente un bastión de dugongos, ahora prácticamente no muestran pastos marinos. Esta devastación obliga a los animales a migrar o morir de hambre.
La causa exacta de la extinción de las praderas marinas aún no está clara, pero es probable que contribuyan múltiples factores. Estos incluyen:
- Asentarización y contaminación: La escorrentía de la construcción y la agricultura asfixia las praderas marinas, bloqueando la luz solar e introduciendo nutrientes nocivos.
- Aguas más cálidas: la temperatura impulsada por el cambio climático aumenta la tensión en los ecosistemas de pastos marinos, haciéndolos más vulnerables.
- Dragado: Los proyectos de desarrollo costero alteran los lechos de pastos marinos, reduciendo aún más el hábitat.
La situación es alarmante porque la mortandad no está relacionada con un solo evento catastrófico, lo que sugiere una condición crónica que empeora. Esto significa que el problema no se trata sólo de la recuperación después de un desastre; se trata de degradación sistémica.
De la abundancia al aislamiento: el caso del milagro
La historia de Miracle, un dugongo solitario seguido por el fotógrafo local Theerasak Saksritawee, resume la crisis. Miracle, que alguna vez formó parte de un grupo de 13 dugongos en la bahía de Tang Khen, es ahora el último residente que queda. Los demás murieron de hambre, emigraron o, como Jingjok, una mujer joven.
El aislamiento de Miracle no es sólo anecdótico; refleja una tendencia más amplia. Los dugongos muertos o demacrados han llegado a la costa en cantidades récord, duplicándose de 20 por año entre 2019-2022 a 42 por año entre 2023-2024. Esta no es una fluctuación natural; es una pérdida rápida y catastrófica.
El Factor Humano: Turismo y Desarrollo
La crisis se ve exacerbada por la floreciente industria turística de Tailandia. Los dugongos están migrando hacia Phuket, un importante destino turístico, donde se enfrentan a un mayor tráfico de embarcaciones y a la alteración de su hábitat. La afluencia de visitantes supone una presión adicional para un ecosistema ya frágil.
Si bien el gobierno tailandés ha tomado medidas para plantar nuevas praderas marinas y complementar la alimentación de los dugongos, estos esfuerzos son insuficientes dada la magnitud del problema. El ecologista Petch Manopawitr advierte que el ecosistema es “mucho más frágil de lo que creíamos hasta ahora”.
Un futuro frágil: ¿qué se puede hacer?
El futuro de los dugongos de Tailandia depende de medidas de conservación inmediatas y efectivas. Los pasos clave incluyen:
- Áreas marinas administradas localmente: Empoderar a las comunidades locales para proteger hábitats críticos.
- Áreas Protegidas Adaptativas: Creación de corredores oceánicos para facilitar la migración de los dugongos.
- Regulaciones de desarrollo costero más estrictas: Minimizar la contaminación y la destrucción del hábitat debido a la construcción y la agricultura.
La crisis pone de relieve una dura realidad: los ecosistemas bajo presión del cambio climático y la actividad humana pueden colapsar rápidamente. Salvar a los dugongos de Tailandia requiere no sólo una intervención científica, sino también un cambio fundamental hacia una gestión costera sostenible.
La pérdida de estas criaturas no es sólo una tragedia ambiental; es una señal de advertencia de que el delicado equilibrio de los ecosistemas costeros se está desmoronando y las consecuencias se sentirán mucho más allá de las costas de Tailandia.
