Una startup de preservación del cerebro ofrece un camino hacia una posible inmortalidad

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Una nueva empresa de biotecnología, Nectome, es pionera en una controvertida técnica de preservación del cerebro que plantea profundas preguntas sobre el futuro de la muerte y la conciencia. Por primera vez, la posibilidad de una preservación indefinida de la estructura cerebral –y de su eventual reactivación– ya no es ciencia ficción, sino una realidad incipiente, aunque altamente experimental.

La tecnología: preservar el cerebro después de la muerte

El proceso de Nectome implica preservar rápidamente la arquitectura física del cerebro en los momentos posteriores a la muerte. Actualmente probado en cerdos, la compañía pretende extender el procedimiento a humanos, ofreciendo lo que equivale a una copia de seguridad digital del “conectoma” del cerebro: un mapa detallado en 3D de conexiones neuronales. La idea central es que esta estructura preservada algún día podría usarse para reconstruir la conciencia, evitando efectivamente la muerte biológica.

La ciencia: un largo camino por delante

Si bien la tecnología de Nectome es innovadora, el camino hacia la resurrección real sigue plagado de incertidumbre científica. El mayor desafío es comprender la conciencia misma. El “problema difícil” de la conciencia (cómo surge la experiencia subjetiva a partir de la materia física) aún está en gran medida sin resolver. Se desconoce si un conectoma puede realmente replicar una mente en funcionamiento o si la conciencia requiere un sustrato biológico. Incluso si fuera posible, no sabemos si sería posible recrear el cerebro digitalmente o si debe ser biológico.

El campo minado legal y ético

El procedimiento de Nectome requiere una muerte asistida médicamente, lo cual es ilegal en muchas jurisdicciones. La propuesta de la compañía requiere que los clientes confíen en que las tecnologías futuras superarán los obstáculos científicos, incluso si eso significa esperar siglos para recuperarse. No hay garantía de que una mente reconstruida sea una continuación del individuo original. Los descendientes pueden optar por dejar los cerebros preservados sin revivir indefinidamente, o la entidad revivida puede ni siquiera creer que es la persona original.

La promesa y el peligro de la inmortalidad

A pesar de las incertidumbres, Nectome ofrece un camino único hacia la preservación indefinida, apostando esencialmente por la viabilidad futura de la tecnología de resurrección. Cualquiera que se someta hoy a este procedimiento lo hace con la esperanza (y el riesgo) de que las generaciones futuras posean los medios para recuperarlo. Esto plantea cuestiones filosóficas y éticas sin precedentes sobre la identidad, la continuidad de la conciencia y la definición misma de muerte.

Las implicaciones de esta tecnología, de tener éxito, obligarían a la humanidad a afrontar su relación con la mortalidad de una manera nunca antes imaginada. Queda por ver si se trata de un paso hacia la verdadera inmortalidad o de una apuesta costosa e incierta.

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