La oportunidad de Europa de atraer científicos estadounidenses en medio de las políticas de Trump

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La administración de Donald Trump ha socavado sistemáticamente la ciencia en Estados Unidos, lo que ha provocado recortes de personal en agencias clave como la EPA, la cancelación de miles de subvenciones para investigación y un creciente éxodo de talento. No se trata sólo de programas de investigación aislados; es un golpe a la credibilidad global de Estados Unidos como socio científico confiable. Hasta el 75% de los investigadores encuestados por Nature han considerado abandonar Estados Unidos debido a estas políticas.

Sin embargo, irse no es sencillo y las naciones europeas deben hacer un esfuerzo concertado para atraer a estos científicos.

La respuesta europea: financiación y libertad

Francia ha tomado la iniciativa con su iniciativa Choose France for Science, que ofrece libertad académica y un fondo de £90 millones para reclutar investigadores internacionales. Este enfoque ya ha demostrado ser exitoso, con 41 de 46 reclutas provenientes directamente de los EE. UU. La iniciativa Elija Europa para la ciencia de la UE, respaldada por £790 millones, ha visto una duplicación de las solicitudes de académicos radicados en los EE. UU., aunque las cifras siguen siendo modestas. Los llamamientos directos, en lugar de grandes fondos comunes, parecen ser más efectivos.

El Reino Unido y Canadá: oportunidades y timidez

El esfuerzo de reclutamiento de cinco años y 54 millones de libras esterlinas del Reino Unido parece vacilante y el gobierno lo describe como una “prueba”. Canadá, reconociendo una “oportunidad histórica”, ha lanzado una iniciativa más audaz de 12 años y 900 millones de libras destinada a atraer a 1.000 investigadores, una medida que podría transformar significativamente su panorama científico.

Por qué esto es importante: impacto a largo plazo

Si bien Estados Unidos sigue siendo una superpotencia científica, las políticas de Trump han enajenado a miles de investigadores de alto nivel en campos vitales como las vacunas, las enfermedades infecciosas y la investigación climática. Incluso si estas interrupciones son temporales, el daño es real: estos científicos representan décadas de inversión en capacitación y contratación.

Europa y el Reino Unido deberían priorizar su propio talento, pero tienen una oportunidad única de enriquecer sus culturas y economías científicas ofreciendo un salvavidas a los científicos estadounidenses. No se trata sólo de atraer talento; se trata de aprovechar una oportunidad para remodelar el panorama científico global.

En última instancia, las consecuencias a largo plazo de esta fuga de cerebros aún están por verse, pero el entorno actual presenta una clara ventaja para las naciones dispuestas a invertir en libertad y estabilidad científicas.

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