Una nueva investigación de la Universidad de Kiel en Alemania confirma que las hembras de las mantis gigantes de la selva tropical (Hierodula majuscula ) desarrollan ataques depredadores significativamente más poderosos que los machos, una diferencia que surge durante la maduración. Este hallazgo aclara cómo y cuándo los sexos divergen en la fuerza de ataque, desafiando suposiciones previas sobre la escala en la biomecánica de los insectos.
El crecimiento del poder: de ninfa a cazadora
El estudio rastreó la fuerza de ataque de las mantis desde el desarrollo temprano hasta la edad adulta, revelando un patrón claro: las mantis jóvenes, independientemente del sexo, tienen ataques débiles. Sin embargo, a medida que crecen a través de múltiples mudas (seis para los machos, siete para las hembras), las hembras rápidamente superan a los machos en poder de ataque. Las hembras adultas pueden realizar golpes con aproximadamente 196 milinewtons de fuerza, casi tres veces los 70 milinewton generados por los machos adultos.
No se trata sólo de una cuestión de tamaño. Si bien el peso general de la mantis aumenta de manera predecible con su crecimiento, el aumento en la fuerza de ataque supera las expectativas basadas únicamente en el área de la sección transversal del músculo. Los investigadores, dirigidos por el entomólogo Thies Büscher, investigan ahora cómo las hembras consiguen esta fuerza desproporcionada.
Depredadores de emboscada: cómo cazan las mantis
Estas mantis, originarias de Australia, son depredadores de emboscada. Permanecen inmóviles hasta que la presa entra en el rango de ataque y luego desata un ataque rápido utilizando patas rapaces especializadas. El ataque no es venenoso, pero las afiladas piezas bucales de la mantis infligen heridas graves y provocan una rápida pérdida de líquido en la presa capturada.
Para medir la fuerza de ataque, los investigadores presentaron mantis hambrientas con larvas de mosca dentro de una caja transparente conectada a un instrumento de medición de fuerza. Los resultados fueron consistentes: las mujeres golpean consistentemente más fuerte que los hombres. La diferencia es importante porque refleja las presiones evolutivas que dan forma al comportamiento depredador de estos insectos.
El misterio del poder extra
El hecho de que las mantis hembras golpeen con más fuerza de lo previsto sólo por el tamaño de los músculos plantea dudas sobre la eficiencia biomecánica. Algunos animales almacenan energía en mecanismos parecidos a resortes, liberándola para ataques rápidos, pero aún no se ha identificado tal mecanismo en las mantis. Esto sugiere que una característica anatómica previamente desconocida contribuye al poder de ataque femenino o que los modelos biomecánicos actuales están incompletos.
La discrepancia entre el tamaño de los músculos y la fuerza de ataque subraya lo poco que aún entendemos sobre la biomecánica de los insectos depredadores. Se necesitan más investigaciones para identificar los mecanismos anatómicos y fisiológicos responsables de esta disparidad.
En última instancia, este estudio confirma que la fuerza depredadora en Hierodula majuscula no es simplemente una cuestión de tamaño sino una interacción compleja de crecimiento, sexo y adaptación biomecánica. La búsqueda de respuestas continúa.
































