La perspectiva de tener bebés genéticamente modificados ya no es ciencia ficción, pero la actual prisa de las empresas emergentes por ofrecer esta tecnología puede ser prematura y contraproducente. Cada niño, en cierto sentido, es un experimento genético debido a la aleatoriedad inherente a la reproducción natural. Nuestros genomas están plagados de mutaciones y la próxima generación es siempre una tirada de dados. Con el tiempo suficiente, la edición genética probablemente se convertirá en una rutina, y la concepción natural puede incluso considerarse irresponsable. Sin embargo, estamos lejos de esa realidad, a pesar de los titulares recientes.
La ilusión de los inminentes bebés CRISPR
En 2025, varias empresas anunciaron planes para crear embriones editados genéticamente. Pero la pregunta sigue siendo: ¿estos avances realmente están a la vuelta de la esquina o serán contraproducentes? La premisa central detrás de algunas de estas iniciativas (prevenir enfermedades genéticas) ya se puede lograr mediante métodos existentes como la detección por FIV. Esto plantea un punto crítico: ¿por qué invertir en una tecnología compleja y legalmente complicada cuando existe una solución más simple y probada?
Empresas como Manhattan Genomics sostienen que la edición de embriones puede aumentar las posibilidades de un parto saludable cuando las parejas tienen embriones viables limitados para la detección. Sin embargo, incluso con los avances recientes, CRISPR conlleva riesgos importantes. Pueden ocurrir mutaciones peligrosas y el proceso de edición a menudo resulta en mosaicismo : donde diferentes células dentro de un embrión portan diferentes cambios genéticos. Esto hace imposible garantizar la corrección de una mutación que causa una enfermedad sin introducir consecuencias no deseadas.
El caso de una investigación rigurosa
Para proceder de manera responsable, la edición de genes debe priorizar la seguridad y la transparencia. La clonación de células madre editadas antes de su implantación (como se hace en la investigación con animales) podría ofrecer una solución, pero los animales clonados frecuentemente presentan problemas de salud. El verdadero camino a seguir requiere más investigación básica y una supervisión regulatoria estricta.
El Reino Unido y Australia proporcionan un modelo: la donación mitocondrial, en la que las mitocondrias defectuosas se reemplazan por otras sanas, se introdujo después de una consulta pública, una reforma legal y aprobaciones basadas en ensayos. Los primeros intentos privados de esta técnica en los EE. UU. en la década de 1990 fueron prohibidos por cuestiones éticas. Esto demuestra que las nuevas tecnologías reproductivas deben implementarse de manera abierta, legal y bajo supervisión independiente.
¿La agenda oculta?
Según se informa, al menos dos empresas emergentes están considerando realizar experimentos en países con regulaciones laxas. Este enfoque no hará avanzar la ciencia; erosionará la confianza y probablemente desencadenará leyes más estrictas en otros lugares. Los multimillonarios que respaldan estas empresas (como Sam Altman y Brian Armstrong) tendrían un mayor impacto al financiar investigaciones sin fines de lucro.
La pregunta sigue siendo: ¿el verdadero objetivo es prevenir enfermedades o crear niños genéticamente mejorados? Una nueva empresa, Bootstrap Bio, persigue abiertamente esto último. El futuro de la edición genética depende de si damos prioridad al progreso responsable o a la ambición imprudente.
En última instancia, la introducción exitosa de la edición genética en la reproducción humana requerirá paciencia, transparencia y un compromiso con la supervisión ética. La actual carrera hacia el mercado corre el riesgo de socavar la confianza pública y retrasar el verdadero avance científico.



















