El mundo moderno del bienestar está dominado por las proteínas. Desde bocadillos respaldados por celebridades como las palomitas de maíz proteicas de Khloé Kardashian hasta discusiones serias en podcasts populares, el nutriente se ha convertido en una obsesión generalizada. Un nuevo libro, Protein: The Making of a Nutritional Superstar de Samantha King y Gavin Weedon, intenta explicar este fenómeno, pero no logra responder las preguntas centrales que buscan muchos lectores.
El auge de las proteínas: un fenómeno cultural
King y Weedon, sociólogos especializados en salud y cuerpo, rastrean la historia de las proteínas desde el descubrimiento científico de los aminoácidos hasta su actual dominio cultural. El libro sostiene que el atractivo de las proteínas se extiende por generaciones: es una clave para el acondicionamiento físico para los millennials y la generación X, una fuente de energía para los baby boomers y un preventivo de la pérdida muscular para los adultos mayores.
Este amplio atractivo se debe en parte al marketing dirigido. Los autores sugieren que el consumo de proteínas se ha utilizado como arma para llenar el vacío de masculinidad perdida entre los hombres jóvenes y como una solución económica y barata a la sarcopenia (pérdida de masa muscular relacionada con la edad) para las poblaciones de mayor edad. Sin embargo, estos argumentos carecen de pruebas concretas y siguen siendo en gran medida teóricos.
La realidad de la ingesta de proteínas
Las deficiencias del libro son particularmente frustrantes porque la verdadera pregunta sigue sin respuesta: ¿cuánta proteína realmente necesitamos? Para la mayoría de las personas en países de altos ingresos que consumen suficientes calorías, la deficiencia de proteínas es rara. Las directrices actuales del Reino Unido recomiendan 0,75 gramos por kilogramo de peso corporal al día, algo que se puede lograr fácilmente a través de comidas y refrigerios normales, aunque se recomienda una ingesta mayor para quienes hacen ejercicio.
La obsesión por la suplementación es en gran medida innecesaria. El exceso de proteína se descompone y se excreta, lo que significa que los costosos refrigerios proteicos pueden ser una pérdida de dinero. Además, la ingesta excesiva a largo plazo puede sobrecargar los riñones y aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas. El libro no aclara estas preocupaciones, sino que ofrece investigaciones contradictorias y deja a los lectores en la oscuridad.
El panorama más amplio
La moda de las proteínas refleja tendencias más amplias en la industria del bienestar, donde el marketing a menudo supera a la ciencia. Si bien algunos libros ofrecen información valiosa sobre la dieta, como Off the Scales de Aimee Donnellan, que replantea la obesidad a la luz de nuevos fármacos como Ozempic, o Ferment de Tim Spector, que destaca los beneficios de los alimentos fermentados – Protein no proporciona la orientación práctica que los consumidores anhelan.
En última instancia, el enfoque sociológico del libro no aporta claridad nutricional. La pregunta central sigue siendo: ¿cuánta proteína deberíamos comer realmente? La respuesta, frustrantemente, sigue siendo difícil de alcanzar.
