La próxima misión Artemis II, diseñada para devolver a los humanos a las proximidades de la Luna después de más de medio siglo, debería inspirar asombro. En cambio, para muchos, se siente desconectado de la realidad. Esta disonancia no es nueva. A lo largo de la historia, se han desarrollado grandes esfuerzos científicos junto con una profunda agitación social y política, lo que ha planteado interrogantes sobre las prioridades y el verdadero costo del progreso.
La desconexión entre las estrellas y las calles
El autor, periodista de exploración espacial, anticipó entusiasmo por Artemis II. En cambio, la brutal realidad de la aplicación de la ley por parte de ICE en Minneapolis –incluida la muerte a tiros de Renée Good, una madre local– destrozó esa expectativa. El marcado contraste entre la ambición de la NASA y las violentas realidades de la política de inmigración resalta una desconexión fundamental: ¿por qué celebrar alcanzar las estrellas cuando la gente sufre en la Tierra?
Este sentimiento no es aislado. El autor señala un escalofriante paralelo con la década de 1960, cuando el programa Apolo coincidió con protestas por los derechos civiles, la guerra de Vietnam y un creciente malestar social.
Ecos históricos: las controversias de Apolo
Las misiones Apolo, a menudo mitificadas como un momento unificador, causaron profundas divisiones incluso en ese momento. Los activistas cuestionaron la inmensa inversión en el espacio mientras persistían las desigualdades sistémicas y la pobreza. Ralph Abernathy encabezó una protesta en el Centro Espacial Kennedy, llevando familias y mulas para ilustrar lo absurdo de priorizar los viajes a la Luna por encima de las necesidades humanas básicas. La idea de que todos celebraron a Apolo es una narrativa cuidadosamente construida que ignora la disidencia significativa.
Un lector de Science News en 1969 escribió: “Phooey… [muchas personas que sufrían] NO estaban orgullosas. Estamos frustrados y avergonzados”. Este sentimiento no era marginal; reflejaba una ira genuina hacia un sistema que priorizaba el espectáculo sobre la sustancia.
El complicado legado del progreso
La misión Artemis II de la NASA enfrenta un dilema similar. Si bien los funcionarios esperan recuperar el “sentido de unidad” de Apolo, el telón de fondo es diferente. Un gobierno que recorta la infraestructura científica y al mismo tiempo defiende tácticas violentas para hacer cumplir la ley crea una paradoja tóxica. La exploración espacial, como espejo, revela no sólo el ingenio humano sino también profundas fracturas sociales.
El historiador Neil Maher señala que ambos disparos a la luna ocurrieron durante tiempos de protestas masivas, lo que sugiere un patrón cíclico. La pregunta no es si la exploración espacial es intrínsecamente buena o mala, sino si realmente puede inspirar cuando se violan los derechos humanos fundamentales en casa.
Encontrar unidad en la resistencia
El autor encuentra un nuevo sentido de propósito compartido en los movimientos de resistencia dentro de Minneapolis: cantos comunitarios, ayuda mutua organizada y solidaridad desafiante. Esta unidad de base ofrece un marcado contrapunto al espectáculo vertical de las misiones espaciales. Sugiere que la verdadera trascendencia no se encuentra en escapar de la Tierra, sino en enfrentar sus injusticias.
En última instancia, el artículo no descarta por completo la exploración espacial. Reconoce su potencial de perspectiva y asombro. Pero insiste en que estas ambiciones deben basarse en la responsabilidad ética y la justicia social. El futuro de la exploración espacial depende de si podemos abordar los problemas terrestres mientras buscamos las estrellas.



















