La sequía de la selva amazónica debido a la deforestación acelera el riesgo catastrófico

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La selva amazónica está perdiendo su capacidad de generar lluvia, una función crítica que mantiene vivo el ecosistema y sustenta la agricultura regional. Una nueva investigación confirma que la deforestación generalizada, principalmente para la ganadería, está reduciendo drásticamente las precipitaciones en toda la cuenca sur del Amazonas, no sólo en las proximidades inmediatas de las zonas despejadas. Esta disminución de las precipitaciones se está produciendo más rápido de lo que se pensaba anteriormente, lo que acerca la selva tropical a un punto de inflexión irreversible en el que podría transformarse en una sabana.

La disminución de las precipitaciones está directamente relacionada con la pérdida de árboles

Los datos satelitales y las mediciones terrestres revelan una caída del 8 al 11 % en las precipitaciones en el sur del Amazonas entre 1980 y 2019, coincidiendo con una reducción del 16 % en la cubierta arbórea. A diferencia de estudios anteriores, esta investigación demuestra que el impacto se extiende a grandes distancias (más de 3.000 kilómetros), lo que significa que la deforestación no sólo daña las áreas locales, sino que socava activamente los patrones de lluvia que benefician incluso a granjas y ranchos distantes.

El mecanismo es simple: los árboles reciclan la humedad mediante la evaporación y la transpiración, creando lo que los científicos llaman “ríos voladores” que transportan agua a través de la selva tropical. Cuando se talan los bosques, este ciclo se rompe. Más agua corre hacia los ríos en lugar de volver a entrar a la atmósfera, matando de hambre a estos ríos atmosféricos y reduciendo las precipitaciones.

“Algunas personas en la agroindustria podrían considerar un pedazo de bosque como tierra desperdiciada que podrían despejar”, ​​dice Dominick Spracklen de la Universidad de Leeds. “Ese pedazo de bosque está trabajando muy duro para mantener las precipitaciones regionales de las que se beneficia nuestra parte de agricultura”.

El papel de la deforestación supera al cambio climático

Si bien el calentamiento global sin duda está contribuyendo a la sequía amazónica, la deforestación representa entre el 52% y el 75% de la disminución de las precipitaciones observada. Esto significa que la actividad humana, específicamente el desmonte de tierras a gran escala para la agricultura, es el factor dominante de la tendencia a la sequía. Además, los modelos climáticos actuales subestiman el verdadero impacto de la deforestación hasta en un 50%, lo que sugiere que el punto de inflexión puede estar más cerca de lo estimado anteriormente.

La atmósfera sobre las regiones deforestadas se vuelve más suave, lo que permite que la humedad escape de la cuenca en lugar de circular. Esto reduce la formación de tormentas y disminuye aún más las precipitaciones.

La amenaza inminente de la muerte regresiva del Amazonas

A los científicos les preocupa que, combinada con el aumento de las temperaturas, la deforestación pueda empujar al Amazonas más allá de un umbral crítico. Un estudio estima que hay un 37% de posibilidades de que se produzca algún nivel de muerte regresiva en la Amazonía para 2100 si el calentamiento global alcanza los 1,5°C. Si bien la conversión total de la sabana no es inevitable, incluso una extinción parcial daría como resultado un bosque degradado con una biodiversidad y una capacidad de almacenamiento de carbono reducidas.

El Amazonas es más sensible a la deforestación de lo que se creía anteriormente, lo que significa que el punto de inflexión podría llegar antes de lo previsto. Esto subraya la necesidad urgente de detener la tala de bosques para preservar uno de los ecosistemas más críticos del mundo.

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