La próxima misión Artemis II de la NASA, que enviará astronautas a un sobrevuelo lunar, continuará a pesar de la intensa actividad solar, un período en el que la exposición a la radiación en el espacio profundo alcanza niveles potencialmente peligrosos. Los expertos confirman que si bien la actividad máxima del sol presenta riesgos, también ofrece cierta protección contra la radiación cósmica a largo plazo.
Comprender el clima espacial y su impacto
El clima espacial se compone de partículas de alta energía y ráfagas de radiación del sol. Las llamaradas solares emiten partículas intensas y de rápido movimiento que pueden penetrar los cascos de las naves espaciales, lo que representa una amenaza inmediata. Los eventos a más largo plazo, como las eyecciones de masa coronal (CME), crean auroras en la Tierra, pero son menos dañinas para los astronautas debido a su menor energía. Sin embargo, la amenaza más insidiosa son los rayos cósmicos galácticos : radiación constante de alta energía que se acumula con el tiempo, similar a las radiografías de tórax diarias.
Según la física espacial Patricia Reiff, el viento solar más fuerte durante el máximo solar en realidad reduce la exposición a los rayos cósmicos galácticos. “Si fuera a una misión larga, lo haría en el máximo solar”, explica Reiff. “El sol ayuda a limpiar nuestra zona de bosque”. A pesar de esto, las erupciones solares impredecibles siguen siendo motivo de preocupación, capaces de emitir dosis de radiación casi letales en cuestión de horas.
El riesgo de las superllamaradas y el momento de la misión
Algunos científicos han abogado por retrasar Artemis II debido a la mayor probabilidad de “superllamaradas” durante este ciclo solar activo. Reiff, sin embargo, señala que el ciclo actual no es excepcionalmente fuerte en comparación con los históricos. Si bien las superllamaradas son posibles, el monitoreo continuo de la actividad de las manchas solares y la estructura del campo magnético puede proporcionar alguna advertencia.
La nave espacial Orión también está mejor protegida que los vehículos de la era Apolo, lo que mitiga algunos riesgos. Aún así, los astronautas llevan monitores de radiación, con estrictos límites de exposición de por vida. El trabajo es intrínsecamente peligroso y los astronautas aceptan ese riesgo cuando se inscriben en misiones en el espacio profundo.
Medición y gestión de la exposición a la radiación
La NASA rastrea la exposición acumulada a la radiación de los astronautas, con una dosis de por vida permitida más alta que la de los pilotos comerciales debido a los peligros únicos de los viajes espaciales. Artemis II también constituye una oportunidad de investigación, ya que recopila datos sobre cómo la radiación del espacio profundo afecta al cuerpo humano.
La misión continuará a pesar de los riesgos, equilibrando las oportunidades científicas con los peligros conocidos de operar fuera del campo magnético protector de la Tierra. Los datos recopilados servirán de base para futuras misiones de larga duración y perfeccionarán los protocolos de seguridad para la exploración del espacio profundo.


















